DE CACATÚAS Y REYES

14 11 2007

Recientemente un escándalo político-mediático ha saltado a la red en forma de motivo de entretensión.
Nadie está en contra de que los pensamientos se expresen libre y abiertamente. Chávez fue atendido, escuchado con respeto durante su intervención en la reciente Cumbre Iberoamericana. Pero está visto que tiene más boca de buchaca que coraje de leopardo.
Señor presidente de Venezuela. Su pueblo merece respeto de quien lo gobierna. Podré estar de acuerdo en muchos señalamientos antiimperialistas que haga usted a través de los medios, en la palestra. Pero nunca estaré de acuerdo con la grosería, la patanería, la diatriba, caballerito.

Aquí no es asunto de si se mete o no con el poder monárquico, o si alega los derechos fundamentales que usted mismo pisotea en su tierra. Aquí se trata de decencia y prudencia de lengua. Ganaría más para sus fines sin ir a contracorriente, sin envalentonarse.
Por cierto, disculpe si alguna expresión aquí vertida le ofende. Juro que no he empleado palabras de más ni de menos. Sólo he buscado describir, como usted suele hacer, lo que pienso y siento tras observar sus polémicos caprichos y mala crianza.
Recuerde que quienes tenemos frente a nosotros la bendición de usar un micrófono, una lente, una página, tenemos el grave compromiso de saber qué, cómo y cuándo decir.
Usted no me cae mal, pero tampoco me cae bien. Sus gags me resultan simpáticos, si bien no así su política; aun cuando comprendo en parte su trasfondo.
Finalmente, poniéndose en ridículo con sus actitudes, da pie aún más a lo mismo que ataca: la indiferencia imperial.
Quiero creer que en usted no hay simplemente un dictadorzuelo, como algunos lo califican. Quiero creer que usted es auténtico en su lucha. Pero más de un indicio muestran lo contrario. Usted no es lo que parece, en cambio parece lo que es.

 


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